La técnica de la tortuga para niños consiste en enseñarles a meterse dentro de sí, a respirar profundamente y a cruzar los brazos sobre el pecho como si estuvieran dentro de una concha.
Se les enseña a hacerlo en momentos de tensión, cuando se sienten mal, como enfadados, irritados o trastornados.
Al hacer la tortuga, los niños ponen sus brazos cruzados junto al cuerpo, la cabeza hacia abajo y cierran los ojos, relajando los músculos para afrontar la tensión emocional.
La analogía de la tortuga es útil porque cuando se siente amenazada, se esconde dentro de su caparazón, y de la misma manera, los niños se meten dentro de su caparazón imaginario cuando se sienten amenazados por algún sentimiento o emoción.
Al cruzar los brazos junto al cuerpo, es difícil atacar, y esta postura les permite pararse y sentir lo que está pasando, identificar el problema y tomar conciencia de la emoción.
Después de identificar el problema, el niño piensa en las alternativas posibles y elige la más apropiada, fomentando el uso del pensamiento alternativo.
Una vez calmado y con capacidad para tomar una decisión, el niño sale del caparazón y puede hablar y actuar de forma apropiada, con competencia emocional, posibilitando la regulación emocional.
La técnica de la tortuga se enseña a lo largo de varias lecciones y se refuerza con elogios y materiales diversos, como sellos o cromos con la tortuga.
El refuerzo se entrega al niño como recompensa por intentar regular sus emociones, y siempre va acompañado de expresiones claras y específicas que indican el comportamiento apropiado.
El objetivo es interiorizar la habilidad de la técnica de la tortuga, de tal forma que la competencia de regular la ira pueda ser ejercida en el momento adecuado, implicando la competencia de hablar consigo mismo de forma consciente.