La técnica del semáforo se basa en la analogía con el funcionamiento de un semáforo para controlar los impulsos emocionales. Veamos en tres pasos la analogía con el semáforo: 1. La luz cambia a amarillo y estimula mi actuar, puedo tener algunas alternativas de pensamiento inconsciente. 2.- La luz cambia amarillo, siento mi urgencia porque tengo prisa, sin embargo entiendo que acelerar no es la respuesta consciente y racional que me va a solucionar mi retraso y paro. 3.- La luz ya está en rojo, eso me da tiempo para pensar, me doy cuenta que no hubiera resuelto nada y que más bien, este tiempo me da espacio para pensar qué puedo hacer para remediar el hecho de estar tarde. Un semáforo sin las 3 luces, no es un semáforo, de igual manera un ser no es sólo racional, no existe la racionalidad sin emocionalidad. Hay que aprender a controlar los impulsos, los pensamientos y las reacciones reptilianas. Para ello, hay que conocernos en nuestra emocionalidad, entender porque sentimos lo que sentimos, qué me están pidiendo las emociones, qué estoy llamado a hacer.