Los TEA padecen deficiencias en las relaciones sociales y afectación de la reciprocidad socioemocional, junto a déficits en la comunicación (verbal y/o no verbal) además de intereses restringidos y repetitivos.
En ambos trastornos pueden existir comportamientos restringidos y repetitivos, pero de forma diferente.
La clave para distinguir los comportamientos repetitivos primarios del TEA, de los exclusivos del TOC, son: en el TEA, los comportamientos obsesivos pueden servir para calmarse, o bien como búsqueda sensorial (tocar superficies rugosas, el agua, etcétera).
Siendo, además, egosintónicos (esto es, el paciente puede disfrutar, obtener placer, de sus obsesiones o usarlas para desestresarse), mientras que en los TOC las obsesiones son egodistónicas (no le gusta padecerlas, incluso desearían evitarlas), causan angustia y las compulsiones están impulsadas por la ansiedad que les produce la obsesión.
Algunas compulsiones pueden servir para diferenciar el TOC y el TEA, y también son menos frecuentes en el TEA+TOC: las compulsiones de comprobación (puertas, gas, luz) y las de lavado, sobre todo de manos.
El resto de ellas, incluyendo las religiosas, de orden, etcétera, ayudan menos al diagnóstico.