El trastorno del espectro autista es precisamente eso: un espectro que abarca una amplia gama de diferencias en la forma en que las personas experimentan el mundo. Natalie Buerger describe el autismo como una afección del desarrollo neurológico que afecta principalmente a las áreas relacionadas con la comunicación social. No hay dos personas autistas que experimenten la vida de la misma manera.
Las personas con autismo pueden experimentar lo que los médicos denominan "comportamientos restringidos y repetitivos", que pueden incluir: Intereses intensos, diferencias en el procesamiento sensorial, dificultad para ser flexible y adaptarse a los cambios, varios comportamientos repetitivos.
Algunas personas pueden no utilizar el lenguaje verbal, mientras que otras son muy verbales, pero pueden tener dificultades con los matices sociales, como leer las expresiones faciales o comprender el tono. Algunas pueden buscar con entusiasmo las interacciones sociales, mientras que otras pueden preferir la soledad o las rutinas estructuradas.
El autismo se puede clasificar en "niveles" (nivel 1, 2 o 3), lo que puede resultar confuso. Estos niveles no indican la gravedad de la afección, como mucha gente cree.
El nivel 3 no significa que alguien tenga autismo 'grave', simplemente se refiere a la cantidad de apoyo que alguien puede necesitar para desenvolverse en la vida diaria.
Una persona diagnosticada con autismo de nivel 1 puede funcionar de forma independiente con un apoyo mínimo, mientras que alguien de nivel 3 puede necesitar una ayuda más constante en áreas como la comunicación o la adaptación al cambio.
El autismo es una condición natural, no es una enfermedad que requiera cura.
Es más productivo preguntarse: ¿Cómo podemos apoyar mejor a las personas autistas en este entorno?, en lugar de esperar que se adapten a un mundo neurotípico.
Un diagnóstico de autismo nunca debe ser una razón para renunciar a los sueños, puede que solo cambie el camino a seguir.