Mantén a tu hijo/a entretenido/a con actividades y juegos.
Los periodos de aburrimiento son propicios a las crisis, así que cuando sientas que el niño/a necesita expulsar su energía, hay que ser reactivo para cambiar de ambiente.
Debes fijarte en las señales de irritación y frustración que son indicadores fiables.
Evita situaciones que puedan ser estresantes, como puede ser que haya mucho ruido, y si es necesario es bueno disponer de unos protectores auditivos para ir acostumbrándose a algunos niveles sonoros.
Mantén la calma: Utiliza un tono de voz neutro y postura corporal relajada.
Se trata de transmitir tranquilidad y ofrecer un ejemplo positivo para imitar.
Antes de perder los nervios, dejar a otro adulto actuar.
Reforzar: Piensa en algo que le guste y dáselo ante cualquier conducta adecuada que muestre.
Mejor si es algo que podemos dar poco a poco y no de golpe, para así ir reforzando progresivamente.
A medida que la crisis vaya remitiendo, comienza a alabar su calma: felicita, sonríe y dale un abrazo.