Un niño o adolescente con baja autoestima puede evitar una tarea o desafío sin siquiera intentarlo. Esto a menudo indica un miedo al fracaso o una sensación de impotencia. Renunciar poco después de comenzar un juego o una tarea, dándose por vencido a la primera señal de frustración. Hacer trampa o mentir cuando creen que van a perder un juego o lo van a hacer mal. Mostrar signos de regresión, actuar como un bebé o de forma muy ridícula. Estos tipos de comportamiento dan lugar a las burlas y los insultos de otros niños, lo que empeora el problema. Volverse controlador, mandón o inflexible como forma de ocultar sentimientos de insuficiencia, frustración o impotencia. Inventar excusas o minimizar la importancia de los eventos. Pueden usar este tipo de racionalización para culpar a otros o a fuerzas externas. Tener disminución de las notas o menos interés en las actividades habituales. Retraerse socialmente, perdiendo o teniendo menos contacto con amigos. Experimentar cambios de humor, tristeza, llanto, arrebatos de ira, frustración o tranquilidad. Hacer comentarios autocríticos tales como "Nunca hago nada bien", "No le gusto a nadie", "Soy feo", "Es mi culpa" o "Todos son más inteligentes que yo". Tener dificultad para aceptar elogios o críticas. Preocuparse demasiado o ser sensible con respecto a las opiniones de otras personas sobre ellos. Parece estar fuertemente afectado por la influencia negativa de los compañeros.