Llegar al corazón con buenas palabras. Es cansado tratar en cada momento de medir las palabras para no herir la sensibilidad de quien nos escucha. Puede ayudarnos tener en la recámara algunas alternativas positivas para esos momentos en los que nuestra voz tiene que sonar firme y a la vez alcanzar el corazón de a quien van dirigidas las palabras. Para saber hablar hay que saber escuchar. Antes de reconvenir a nuestros hijos escuchémosles sinceramente. En muchas ocasiones una auténtica escucha activa por nuestra parte conseguirá que ellos mismos se den las respuestas o las razones que necesitan para rectificar o mejorar su conducta. No nos dirijamos a ellos con la actitud cansina del que está harto de decir siempre lo mismo. Tenemos la autoridad que nos confiere nuestra tarea de padres y madres. No necesitamos imponernos autoritariamente. Seamos creativos. Si no lo podemos ser en el contenido, seamos creativos en la actitud. Renovemos nuestra ilusión cada día. Cada hijo tiene su momento.