Reconoce la intrincada dualidad en cada individuo, la capacidad para el bien y el mal, la interacción entre el amor y el miedo, la paz y la angustia.
No te aferres al dolor colectivo, más bien intenta convertirte en un canal.
Evita identificarte demasiado con el dolor, pues sólo es parte de tu experiencia, no tu identidad.
Humaniza a tus "adversarios".
Reconoce que tus adversarios, independientemente de sus opiniones, son fundamentalmente humanos, como tú con miedos y deseos.
Reconocer esta humanidad compartida fomenta la empatía, incluso cuando hay desacuerdos.
Asume un papel pacificador.
Enfócate en consumir contenido de valor.
Busca contenido que te conduzca a cultivar perspectivas más profundas y completas, no solo información fragmentada.
Recuerda siempre la fragilidad de la vida.
La vida, independientemente de su forma, es efímera, especialmente en estos tiempos tumultuosos.
Esta realización puede entristecernos, pero también empoderarnos.
Cuando recuerdas la fragilidad de la vida, te motivas a seguir adelante y cumplir tus propósitos.
Elige ayudar a otros.
Reconoce que sí ‘eres el cambio’.
Sé amable, escucha, cuida y comparte con quien tienes al lado, también esa persona está intentando aligerar el peso actual de nuestro mundo.