La creación del enfoque narrativo se le atribuye a dos terapeutas, Michael White y David Eptson, quienes dieron a conocer internacionalmente sus propuestas mediante la publicación del libro Narrative, Means to Therapeutic Ends.
Este tipo de enfoque dentro de la terapia clínica concibe a las personas como sujetos separados de los problemas, para eso, se trabaja en la separación lingüística del problema de la identidad personal del paciente.
El psicólogo actúa como agente facilitador planteando las preguntas adecuadas y sacando a colación temas determinados.
De este modo, el problema queda disuelto en una narración alternativa.
Ana María Zlachevsky, explica que los terapeutas narrativos son expertos en, “entender el mundo del otro, entonces hacemos preguntas desde una perspectiva del no saber”.
Otro aspecto relevante en esta materia según la experta es comprender que, “las personas no son un bloque, hay distintos ‘yoes’, somos distintos en nuestros dominios existentes”.
En otras palabras, lo que la psicóloga plantea es que una persona se comporta de un modo diferente en el escenario que corresponda, es de un modo con su familia, otro con sus amigos y finalmente, otro con su terapeuta.
En definitiva, la terapia narrativa es un marco de relaciones entre terapeuta y paciente (coautor), en el que el segundo tiene el poder de generar alternativas de lo que le ocurre, para no verse limitado por su percepción de los problemas.
Se entiende que solo la persona que asiste a consulta puede implementar una narración alternativa, a la que ya está viviendo, ya que es la que tiene acceso a sus experiencias.
Para lo anterior, el terapeuta se debe guiar por dos preceptos:
Mantenerse en un estado de curiosidad.
Formular preguntas por las que realmente desconoce la respuesta.