Aprende a valorar correctamente la realidad.
Lo que me gusta no tiene por qué coincidir con lo que me conviene.
Conoce tus motivaciones: ¿por qué haces las cosas?
No admitas respuestas emocionales.
Hay que tener sentimientos, pero no hay que reaccionar por el sentimiento.
Piensa en las consecuencias de tus acciones para ti mismo: ¿qué me pasará si hago esto?
Y sobre los demás: ¿qué les pasará si yo hago esto?
¿Te gustaría que te lo hiciesen a ti?
No confíes en el instinto ético.
Estudia.
Pide consejo.
Está dispuesto a complicarte la vida.
No consientas objetivos parciales en tu vida.
Busca alternativas a tus acciones, siempre, pero sobre todo cuando tengas dudas sobre la conveniencia de lo que había pensado hacer.
Si haces algo mal, reconócelo, pide perdón y vuelve a empezar.
No te consientas excepciones.
Evita la tentación de la racionalización de la conducta.
Entrénate para hacer las cosas bien.
No hace falta nada especial: haz cada día lo que debes hacer.
Actúa, siempre que puedas, por motivaciones superiores, no por el premio o castigo.
Vence la tentación de hacer lo que te gusta.
Supera la cobardía ante las actitudes de los demás.