Por eso es tan importante crear mayor consciencia acerca de nuestros propios valores fundamentales. Las personas estamos acostumbradas a defender valores socialmente estipulados, los que supuestamente ‘hay que tener’, pero eso nos aleja de poder vivir una vida realmente alineada con nuestra propia visión. También nos ayudan a definir lo que es innegociable para nosotros, priorizando y jerarquizando de forma mucho más clara situaciones de la vida, y diferenciando entre lo importante y lo trivial. Asimismo nos impulsan a tomar las decisiones que consideramos más adecuadas y que nos hacen sentir bien con nosotros mismos, ayudándonos también en este sentido a influir frente a deseos e impulsos de nuestra mente más primitiva. Por tanto, cuanto más claros tienes tus valores, mayor claridad, seguridad y estabilidad percibes en tu vida, y eso te ayuda de manera considerable a avanzar y a vivir en paz y en equilibrio contigo mismo y con tu entorno. Una decisión acorde a tus valores, cuando estás plenamente conectado con ellos, tiene tal peso, que todas las demás opciones se desvanecen. Cuando conectamos con nuestros verdaderos valores, sentimos una especie de armonía entre la razón y el corazón, produciéndose una fusión entre ambos en la que no hay lugar para dudas ni razonamientos lógicos. Incluso cuando hace un trabajo personal para arrojar consciencia y luz sobre sus auténticos valores, estos no se tallan en piedra: con el paso del tiempo y nuevas experiencias, podrá cambiar la jerarquía de su ‘top’ de valores, e incluso añadir alguno nuevo, en detrimento de uno que haya dejado de tener sentido para la persona.