Busca un espacio tranquilo, Buena parte de la práctica del Mindfulness, especialmente durante las primeras fases en las cuales aún no dominamos bien esta herramienta, se fundamenta en saber elegir los entornos que hagan más fácil llevar a cabo el procedimiento. Siéntate con la espalda recta, De todas formas, es recomendable sentarse de un modo que favorezca que la espalda quede recta, ya que de este modo no nos molestarán tensiones musculares innecesarias. Realiza respiración controlada, Los ejercicios de respiración pueden ser una buena ayuda para empezar a practicar Mindfulness, aunque cuando tengas más práctica este paso será prescindible. Céntrate en lo que pasa en tu cuerpo, En primer lugar, cierra los ojos, En esta fase lo único que hay que hacer es enfocar la atención a aquellos pequeños hechos que podemos notar que ocurren en nuestro cuerpo, uno detrás de otro y dedicando a cada uno de ellos, aproximadamente, medio minuto. Amplía el foco, En esta fase, pasa de dirigir tu foco de atención de los estímulos corporales a las experiencias vitales de un carácter más abstracto. Vuelve a la respiración controlada, En esta fase se marca un final para el ejercicio de Mindfulness, de un modo ritualizado.