¿Qué relación hay entre lo espiritual y la psicología?

Iván Escobedo
2025-07-17 03:55:47
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La espiritualidad es comprendida por la psicología como un recurso humano poderoso que se relaciona directamente con la construcción de sentido vital, ya que ella actuaría como un elemento que ayuda a los individuos a tener mayor conciencia de sí, y al mismo tiempo, como una dimensión que les ayuda a auto trascenderse.
Por lo mismo, dichos aspectos contribuyen con que el ser humano sea capaz de relacionarse con los demás y el entorno a partir de ciertas comprensiones que tienden hacia la benevolencia universal y la superación del egocentrismo.
Este específico tipo de relación puede o no considerar la vinculación con una divinidad, lo que posiciona la espiritualidad como un constructo no estrictamente teológico, aunque ciertamente que también la teología se ha dedicado a su estudio.
En este artículo, se desea mostrar teóricamente cómo desde la psicología positiva la espiritualidad se comprende como una fortaleza humana que se relaciona con un desarrollo psicológico pleno y maduro, invitando a que esta sea promovida desde diversos ámbitos e instituciones, particularmente desde el campo educativo.
La espiritualidad es comprendida por la psicología como un recurso humano poderoso que se relaciona directamente con la construcción de sentido vital,
Spirituality is understood by psychology as a powerful human resource that directly relates to the building vital meaning,
lo que posiciona la espiritualidad como un constructo no estrictamente teológico, aunque ciertamente que también la teología se ha dedicado a su estudio.

Nahia Piñeiro
2025-07-09 06:39:01
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El objetivo de este diálogo -el de la espiritualidad con la psicología- no es otro que tratar de comprender mejor el encuentro del hombre con Dios buscando la ayuda del conocimiento científico sobre la psicología para que esa relación sea lo menos confusa posible.
El encuentro entre ambos ámbitos del saber es tan antiguo como el ansia de trascendencia del ser humano, son dos asuntos diferentes que tienen sus propios límites: la psicología termina cuando se encuentra con el abismo de la fe, la espiritualidad surge cuando el ser humano se relaciona con lo trascendente, en nuestro caso el Dios personal encarnado en Jesús de Nazaret.
No hay religión sin que una persona -con su irrenunciable psicología- tenga que saltar a ese abismo, confiado en que está habitado por el Señor de lo creado; más allá de lo que sabe y de lo que le sirve para relacionarse con los demás y consigo mismo.
La psicología y la espiritualidad no son ámbitos del saber que sean mutuamente excluyentes, al contrario, se complementan perfectamente para que el encuentro entre el creador y la creatura pueda ser en plenitud.
Además, el diálogo interdisciplinar es importante porque nuestra espiritualidad ignaciana tiene muy en cuenta el cambio personal como signo del encuentro espiritual con el Criador y Señor.
Se trata de un tránsito no siempre fácil que puede encontrarse con las resistencias que afloran ante lo incierto: arriesgarse a vivir al modo de Jesús supone confiar en que, renunciando a lo uno ve como mejor para sí, va a encontrarse viviendo su vida con una plenitud que no esperaría.
Ahí se encuentra el gran reto ante el que una buena alianza entre psicología y espiritualidad cobra importancia crucial.
Por eso es importante seguir dialogando, comprendiéndose mutuamente, para más ayudar a que el ser humano alcance el fin soñado por Dios cuando le creó: el modo de ser, encarnado en Jesús de Nazaret, que cada uno está llamado a encontrar en su propia forma de existir.

Hugo Aguirre
2025-06-29 22:56:55
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La tradición de la Psicología se hace eco de multiples disciplinas de lo humano.
Tenemos antecedentes de autores muy respetados que se han preocupado por el tema: Viktor Frankl, Boris Cyrulnik…
Recordemos que la espiritualidad, las religiones y las distintas creencias sobre el alma han sido uno de los motores principales de la historia de la humanidad.
Y si nos asomamos fuera de nuestra pequeña burbuja occidental, veremos que la mayor parte de la humanidad vive en algún tipo de creencia religiosa.
Y no solo eso: las creencias, a menudo, se convierten en un baluarte frente a la dureza de la vida: aportan consuelo, ánimo, sentido de comunidad y esperanza.
Aunque, en un falso ejercicio de realismo, nos gusta denominar estas creencias como “pensamiento infantil” o “pensamiento mágico”, lo cierto es que esa actitud no es en absoluto científica.
Porque la actitud realmente científica, descarta el rechazar algo a priori sin haberlo estudiado en profundidad.
Y si se rechaza, no descarta el hecho de que más adelante, con el avance de la ciencia, se pueda retomar ese conocimiento como válido.
De hecho, hoy en día, en el mundo de la Psicología y la Psiquiatría, son muchísimas las personas que estudian el fenómeno religioso desde una perspectiva científica.
Por lo tanto, pasando al ámbito de la psicoterapia, el trabajo de la espiritualidad es algo a tener en cuenta.
Incluso me atrevería a decir que es necesario.
Porque a lo largo de los años, he podido observar que hay personas que nacen con “naturaleza religiosa” y otras que no.
Hay personas que asumen con naturalidad que no existe ningún tipo de vida trascendente, Dios o religión y son capaces de vivir sin problema asumiendo que una vez que la persona fallece se acaba todo.
Es una forma de ser totalmente respetable y no supone ningún tipo de superioridad o inferioridad moral frente a las personas que sí tienen esa “naturaleza espiritual” (o religiosa).
No se es mejor o peor persona por el hecho de tener una creencia espiritual o no tenerla.
Por otro lado, hay personas que de forma natural tienen sentido de la trascendencia, de que hay algo más allá de lo material y que la muerte no es sino un paso a otra realidad.
Y es frecuente ver cómo a personas con este tipo de mentalidad se les adoctrina haciéndoles avergonzarse de sus creencias o su fe, intentando demostrarles lo absurdo de su actitud.
Es importante que comprendamos que no estamos hablando de una religión o una creencia en concreto, hablo de un sentido de la espiritualidad.
Estigmatizar la espiritualidad tiene un coste: para una persona con este sentido de trascendencia, si se le hace renunciar a la dimensión espiritual de la realidad, el mundo se vuelve gris, triste, oscuro y sin sentido.
Es frecuente que muchas personas superen crisis psicológicas muy severas al retomar su esencia religiosa o espiritual.
Cuando lo hacen, en el proceso de la terapia, suelen repetir siempre la misma frase: “he vuelto a casa”.
Es imposible que una persona sin esa naturaleza “religiosa” comprenda a quien sí la tiene y viceversa.
En realidad, tampoco es necesario, pero recordemos que la función de la psicoterapia es crear un marco de seguridad donde la persona pueda expresar su auténtica naturaleza (la que sea) y pueda adquirir los medios para que su vida sea lo mejor posible.
Por lo tanto, desde una perspectiva muy alejada del proselitismo, va llegando el momento de hacer un hueco a la espiritualidad en el proceso psicoterapéutico y contemplar tanto la creencia como la no creencia de manera natural.
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