Mantén la calma: Utiliza un tono de voz neutro y postura corporal relajada. Las palabras no ayudan: Dejar a un lado intentar razonar, negociar o dar explicaciones, en ese momento para él/ella, todo eso será ruido que le puede incomodar aún más. Eliminar el estrés sensorial: Parar un momento a pensar si puede haber algo que le está molestando, como por ejemplo: ruidos, luces, ropa, etc… Si detectamos algo, eliminarlo o llevarlo a otro lugar de la casa. Cambiar el foco de interés: Intenta reconducir a que realice otra cosa, suele funcionar el realizar con él/ella alguna actividad manipulativa sencilla, por ejemplo un puzzle encajable.
Mantén a tu hijo/a entretenido/a con actividades y juegos. Los periodos de aburrimiento son propicios a las crisis, así que cuando sientas que el niño/a necesita expulsar su energía, hay que ser reactivo para cambiar de ambiente. Debes fijarte en las señales de irritación y frustración que son indicadores fiables. Evita situaciones que puedan ser estresantes, como puede ser que haya mucho ruido, y si es necesario es bueno disponer de unos protectores auditivos para ir acostumbrándose a algunos niveles sonoros. La mejor manera de evitar las crisis, será la de prevenirlas. Nadie conoce mejor a tu hijo/a que tú, por eso debemos estar atentos a las señales. Es mejor intervenir cuanto antes para evitar llegar a situaciones de crisis dónde volver a la calma se torna más difícil.