Aunque las tecnologías son herramientas que, usadas responsablemente, pueden aportar gran valor en ámbitos como la transmisión y búsqueda de información, la comunicación, el trabajo, el aprendizaje o el ocio. También sirven de herramientas que permiten mejorar la accesibilidad de determinados colectivos a ciertos bienes culturales y sociales. Sin embargo, el mal uso y el abuso de las nuevas tecnologías provoca el efecto contrario al deseado, implicando los siguientes riesgos: Pasar de la información a una sobreestimulación e inhibición donde la persona se vuelve capaz de procesar tanta información. Cambiar la comunicación por aislamiento social. Pasar de un conocimiento de las realidades a crear un mundo virtual, de ficción y confusión. Tener dificultades de aprendizaje, especialmente en la lectura y la escritura. Cambiar el ocio por el abandono de las obligaciones escolares, laborales y/o familiares. Los efectos negativos que puede producir el consumo excesivo de nuevas tecnologías son los siguientes: El 55% de los jóvenes entre 14 y 18 años consumen videojuegos. Entre el 6 y el 9% de los usuarios de internet tienen problemas de adicción. Existe un trastorno de adicción a internet (TAI) derivado del abuso. Pérdida del sentido de la realidad. Dificultades en aprendizajes. Problemas en la lectura, la escritura y el desarrollo del pensamiento abstracto. Pérdida del sentido de la realidad. Desdoblamiento de la personalidad del adolescente: el “yo real” y el “yo ideal” inventado. Pérdida o no adquisición de valores (superhéroe). Aprendizaje de la violencia. Aprendizaje del abuso de los derechos humanos. Disminución de los rendimientos escolares, familiares y laborales. Aislamiento y pérdida de afectos y emociones.