Muéstrate cercano. No te muestres superior, ya que tendrás más posibilidades de que el otro se muestre receptivo y atienda lo que le quieres decir. Cuida tu lenguaje no verbal. No se trata solo de no decir en voz alta cosas que puedan incrementar su malestar, sino de cuidar esos gestos de fastidio o chasquidos que la otra persona va a percibir. Muéstrate amable, que no débil, y evita levantar la voz. Trata de reducir la tensión del rostro y transmitir tranquilidad para ayudarle a contagiarle tu calma. Prueba con el humor. En situaciones concretas, con una persona a la que conocemos y si lo vemos muy claro, puede funcionar un toque de humor, ya que nos relaja y nos distrae del asunto. Exprésale afecto. También puede funcionar, si la persona es muy cercana a ti y de confianza, una muestra de afecto sincero, ya que puede ser desconcertante y calmante la vez. Un simple abrazo puede calmar, ayudar, ofrecer una sensación de recogimiento. Hay veces en las que la tensión no permite el diálogo, y es posible que notes que tú también te contagias del enfado. En esas ocasiones, puede ser de mucha ayuda un tiempo muerto. En este caso, recuerda que el sistema nervioso necesita unos 20 minutos para regularse y calmarse.