Debemos dejar de machacarnos y empezar a cuidarnos a nosotros mismos. Por ejemplo, si nuestra casa está desordenada, ordenarla; o, si nos sentimos mal con nuestro cuerpo, probar haciendo ejercicio. Poner en práctica pequeñas acciones que acaben haciéndonos sentir mejor. La cuestión está en trabajar en eliminar los pensamientos negativos y destructivos de nuestra cabeza para que el ciclo no vuelva a iniciarse.
Una de las mejores herramientas para eliminar ese tipo de pensamientos es la meditación. Esto se debe a que la mayoría de veces ni siquiera somos conscientes de lo que pensamos, por lo que no nos damos cuenta de si estamos teniendo pensamientos destructivos. La meditación palia esta situación, porque nos vuelve consciente de ellos, lo que nos ayudará a solucionar el problema.
Incluir este hábito en nuestra vida nos permitirá identificar esos pensamientos que queremos eliminar en cuando aparecen. Al hacerlo, debemos transformarlos en ideas positivas, diciéndonos a nosotros mismos que estamos sanos, que somos fuertes mentalmente y que somos capaces de todo, entre otras cosas.
Debemos actuar aunque nos dé miedo, enfrentarnos a aquello que nos asuste y que nos haga sentir incómodos en un principio; pero que, finalmente, mejorará nuestra vida. Si queremos aprender una nueva habilidad, apuntarnos a clase aunque nos dé vergüenza; si nuestro sueño es viajar solos, comprarnos un billete de avión de forma impulsiva.
Nuestros niveles de autoestima no siempre se mantendrán lineales. Por ello, debemos tomar los tres pasos anteriores como hábitos que implementar en nuestro día a día. Hacer cosas que nos den miedo o centrarnos en pensamientos positivos son acciones que debemos repetir una y otra vez hasta que consigamos creernos todo aquello de lo que somos capaces. Nuestra baja autoestima no se va a solucionar de la noche a la mañana, pero si trabajamos en todo esto una y otra vez, durante un largo período de tiempo, conseguiremos sentirnos mejor que nunca.