Conectar nuestra historia con el miedo al rechazo es un paso esencial. Pregúntate: ¿Hubo momentos en los que sentí que el amor era condicional? ¿Aprendí que mostrar vulnerabilidad era peligroso? Reconocer estos patrones nos ayuda a empezar a liberarnos de ellos. La terapia es un espacio seguro donde podemos observar nuestras heridas sin juicio, comprenderlas y empezar a sanarlas. Explorar el Origen de la Herida. Cuestionar la Narrativa del Miedo «Si me muestro tal como soy, me rechazarán.» ¿Es realmente cierto? En terapia aprendemos a desafiar estas creencias y construir una nueva historia: una en la que merecemos ser aceptados sin necesidad de encajar a la perfección. Aprender a Sostener la Incomodidad. El miedo al rechazo nos hace evitar ciertas situaciones. La terapia nos enseña a tolerar la incomodidad sin huir. Aprender a mirar el miedo de frente nos ayuda a descubrir que no nos destruye. Construir Relaciones Más Seguras. Cuando sanamos la herida del rechazo, dejamos de ver las relaciones como un peligro y empezamos a verlas como un refugio. Aprendemos a: Confiar en los demás. Expresar nuestras emociones sin miedo. Permitirnos ser vistos sin vergüenza ni culpa. Abrazar la Vulnerabilidad. Sanar el miedo al rechazo no significa que nunca lo sentiremos de nuevo. Significa que no nos definirá ni nos limitará. Porque, al final, la mayor pérdida no es el rechazo, sino la vida que no nos permitimos vivir por miedo a él.