Acepta que no todos te van a querer. No es que tengas que esperar lo peor siempre, pero debes saber que ninguna persona le va a caer bien a todos o se va a ganar a todos, el rechazo es parte de la vida y no siempre es algo personal. Quitarte esa expectativa imposible ayuda a que estés más tranquilo y a que no te tomes todo tan personal, además de que vas a sentir menos presión. Siempre hay un silver lining, en lugar de enfocarte en el no, descubre lo bueno de ese rechazo, las cosas de las que probablemente te salvaste o las demás oportunidades que puedes perseguir a raíz de eso. Además, puedes tomar esto como una oportunidad de crecimiento y aprendizaje. Un rechazo no es el fin del mundo y tampoco te condena a estar solo, sin trabajo o sin éxito por el resto de tu vida. La frase de que “hay más peces en el mar” debe ser una especie de mantra, que te debe empujar a buscar otras opciones y a salir de tu zona de confort cuando crees que te quedaste sin salida. Tómalo como lección. El rechazo “nos ayuda no solo a comprender un poco más nuestros efectos en los demás, sino que cada experiencia dolorosa nos alienta a aprender nuevas habilidades para enfrentar situaciones difíciles y a tener más empatía por las experiencias de los demás”. No lo tomes personal. Un rechazo no significa que la otra persona te odia, que le parezcas ofensivo o que crea que no eres lo suficientemente bueno, muchos factores pueden formar parte de eso y no debes pensar que siempre eres el problema. No necesitas arreglarlo todo. Es imposible solucionar todo lo que crees que está mal o que es un problema, por eso debes enfocarte en las cosas que sí puedes controlar. Tal vez no puedes cambiar la opinión del otro o crear una oportunidad que no existe, pero puedes trabajar en ti mismo, mejorar tus habilidades y desarrollar nuevas para que tengas más y mejores opciones.