Expresa tus sentimientos, tanto los buenos como los malos.
Tienes derecho a sentir, tienes derecho a decir lo que sientes, tienes derecho a ser escuchado.
Si lo necesitas, pide ayuda.
Aprende a gestionar tus sentimientos, saber gestionar adecuadamente el enfado, sin duda, ayuda a mantener una relación más pacífica con las demás personas.
No olvides que, como todo el mundo, tienes derecho a enfadarte.
Aborda razonablemente tus sentimientos de enfado, ten en cuenta el origen, el lugar y el momento, el comportamiento objetivo, la emoción y la esperanza frustrada.
Aproxímate de forma amistosa, utiliza estrategias para combatir la hostilidad de otros, reconócela, escucha cuidadosamente, usa un tono de voz calmado y baja el volumen, no juzgues, ayuda a la persona a expresarse.
Implica a tu entorno familiar en el cuidado y comparte la responsabilidad con varias personas.
Pon límites al cuidado, no es necesario hacer todo a la persona dependiente ni hacerlo en solitario.
Intenta mantener su vida social, reflexiona sobre la posibilidad de mantener o no su vida laboral.
Ten en cuenta los beneficios de participar en talleres de formación, grupos de autoayuda o asociaciones.
Elabora una lista de tareas por orden de importancia y establece un horario al principio de cada día.
Tómate breves descansos, con intervalos regulares a lo largo del día, haz una relajación breve, estira, o respira profunda y tranquilamente durante 2 ó 3 minutos cada hora.
Vigila tu postura y controla que no está en tensión y que su cuerpo está bien apoyado.
Consume alimentos sanos y limita la cantidad de estimulantes y toxinas.
Permite a tu mente desconectar al menos dos veces al día, lea un libro, escuche música.
La relajación normaliza los procesos físicos, mentales y emocionales de las personas.
El estado de relajación permite pensar con mayor claridad y de una forma más creativa, reduce la ansiedad y además facilita el sueño.
Fortalece tu cuerpo diariamente, haz un ejercicio físico que te haga disfrutar.
Mantén una buena y cuidada postura, evitarás lesiones y molestias innecesarias.
No juzgar, no dar consejos, favorecer que la persona que transmite encuentre sus propias soluciones.
No interpretar la situación, sino describirla tal como la haya dicho la otra persona, y de ser posible, usando las mismas palabras.
Resumir frecuentemente lo que le han dicho, preguntar y tomar notas si es necesario.
No perder contacto con nuestros propios sentimientos, procurar un clima físico agradable, un lugar adecuado.
Procurar una actitud positiva, no tener prisa, no adivinar ni adelantar conclusiones.
La empatía es la capacidad de percibir, sintonizar, conectar y comprender las emociones y sentimientos de otras personas.
La empatía no significa estar de acuerdo con el otro, no es necesario para empatizar utilizar frases del tipo “a mi también”, “te entiendo” o “comprendo”.
La empatía NO es una forma de tranquilizar al otro, no es intentar solucionar el problema, no es una forma de mostrar acuerdo.
La empatía NO es decir “te entiendo” y mostrar con la actitud, gestos o manera de actuar, que no nos importa lo que le han contado.
Es necesario que tanto el nivel verbal como el nivel no verbal muestren dicha comprensión.