Aprende a poner límites: no siempre puedes llegar a todo.
El trabajo, las tareas del hogar, cuidar de tus padres, ayudar a tu amiga, atender a la familia...Es importante para tu propio bienestar y salud mental establecer ciertos límites; escuchar y atender a tu cuerpo.
Reservar tiempo de calidad para ti, es clave para empezar a practicar el autocuidado.
Priorízate: no hay que pensar en el autocuidado como un capricho o acto de egoísmo.
El autocuidado es una necesidad y, como tal, hay que darle prioridad que merece.
Comunícate: empezar a practicar una comunicación sana con las personas de tu entorno será positivo para ti y aprender a decir ‘no’ te ayudará a manejar el estrés y a construir un equilibrio entre tus límites y tu tiempo.
Actividades para ti: en tu rutina semanal tiene que haber tiempo y espacio exclusivo para ti.
Necesitas divertirte, distraerte y desinhibirte.
Pasar tiempo con amigos o familiares para disfrutarlos, sin sentirte responsable de ellos.
Escúchate: a menudo, con el ruido externo de los cuidados de amigos y familiares, dejamos de oír nuestra propia voz.
Aprender a escucharnos es vital: ¿has comido?, ¿te encuentras bien?, ¿necesitas descansar?, ¿cuándo fuiste al médico por última vez?