La terapia puede ayudar a tratar casos de autoestima baja a través de la exploración de pensamientos, patrones, conductas y adquisición de herramientas y/o técnicas especiales.
Trabajar el autoestima en terapia es uno de los puntos claves para mejorar varios aspectos emocionales y psicológico de las personas.
El enfoque interseccional es una manera de comenzar a trabajar en lo que puede haber causado un deterioro en la autoestima de una persona.
Este enfoque, nos ayuda a entender qué es lo que provoca esta baja de valor y cómo diferentes experiencias e identidades pueden influir en que el autoestima sea positivo o negativo.
Además, toma en cuenta los factores culturales y socio-políticos, que pueden afectar en la formación del autoestima.
Hay diferentes terapias que pueden abordar la falta de autoestima, como:
Terapia del autoestima: el terapeuta se enfoca en trabajar esta área de la persona, incluyendo técnicas como el refuerzo positivo y la exploración de logros y fortalezas.
Terapia cognitivo conductual: se detiene en cómo las creencias, pensamientos y hábitos afectan el autoestima.
Ayuda a impulsar pensamientos positivos y realistas.
Terapia centrada en la persona: hace que el paciente se sienta comprendido por el terapeuta, lo que lleva a generar una relación positiva entre ambos y así, aumentar su autoestima.
Terapia de aceptación y compromiso: el terapeuta se enfoca en que el paciente acepte sus pensamientos negativos, sin luchar contra ellos, lo que hace aceptarse y tomar decisiones que van de la mano con sus valores.
Lo que en consecuencia, lleva a aumentar el autoestima y satisfacción personal.
Algunas de las prácticas que se utilizan comúnmente a la hora de reforzar la autoestima son:
Trabajar el diálogo interno: las personas que tienen autoestima baja o más bien, negativa, en general tienden a ser muy críticos de sí mismos.
Practicar el autoconocimiento: conocer lo malo y bueno de cada uno llevará a la aceptación y seguridad de la persona.
No compararse con los demás: todos tienen procesos, habilidades y características diferentes, por los que es necesario no comprarse.
Trabaja la resiliencia: la resiliencia es la capacidad de recuperarse de las adversidades que ocurren en la vida.
Tener resiliencia puede ayudar a aumentar la autoestima, ya que las personas sienten confianza y seguridad de poder enfrentar futuros desafíos.
Rodearse de personas sanas: tener un entorno positivo y sano, lleva a que las personas se sientan más seguros de sí mismos y por ende, más felices.