Cuidarse a uno mismo o una misma significa escucharse para comprender las necesidades, quererse y pensar en el bienestar físico y mental. Para ello, es necesario reconocer el propio valor. Dedicar tiempo a cuidarse a uno mismo es esencial porque desencadena un mecanismo virtuoso: cuidar de uno mismo para cuidar de los demás. El autocuidado nos hace sentir bien y también nos permite cuidar de los demás. Quienes trabajan en profesiones de ayuda a otras personas, como el personal sanitario, los profesionales de la psicología, en el trabajo y asistencia social, lo saben bien: para cuidar de los demás, es necesario cuidarse a uno mismo. Si nos ocupamos de los demás sin pensar en nosotros mismos y sin recibir nada a cambio, nuestra energía se agota y acabamos sintiéndonos sobrecargados. Por eso es clave elegir relaciones que enriquezcan y hagan sentir bien, que devuelvan lo que damos en términos de tiempo y afecto. Cuidar de uno mismo y de los demás se convierte en una única acción para vivir con mayor serenidad y satisfacción. Lo más valioso que podemos dar a otras personas es nuestro tiempo y nuestra presencia con una sonrisa, un gesto, una palabra… Por eso es importante preguntar cómo podemos ayudar, escuchar sin juzgar y estar cerca de la otra persona.
Trabajar la autoestima y el cuidado propio con gestos cotidianos que tengan en cuenta las necesidades personales, es un primer paso importante para nuestro desarrollo personal. Cuando dejamos de cuidarnos y nos ponemos en segundo plano tendemos a olvidar cómo hacerlo y esto nos lleva a experimentar una sensación de vacío y tristeza difícil de explicar y llenar. Nos juzgamos de forma crítica. Pensamos que somos incompetentes y tememos no estar a la altura, no ser lo suficientemente buenos o buenas. No nos sentimos "suficiente" y, en algunos casos, se puede llegar a experimentar la llamada atelofobia. Se le da vueltas al pasado, hay preocupación por el futuro y no se disfruta del momento presente. Se pierde el poder de control sobre nuestra vida, como si las cosas no dependieran de nosotros.
Para sentirte bien contigo mismo/a, a veces, no se necesita tanto. Tómate un momento diario solo para ti. Aprende a perdonarte después de cometer un error. Piensa en tus deseos y en lo que puedes hacer para mejorar tu vida. Ejerce la inteligencia emocional, crea una armonía entre tu mente y las emociones. Empieza a cuidar de tu cuerpo, tu mente y tus relaciones interpersonales. Una forma sencilla y efectiva de comenzar este proceso es a través del journaling: escribir de forma regular lo que piensas, sientes o necesitas te permite tomar conciencia de tus estados internos, identificar patrones y empezar a escucharte sin filtros. Planifica una rutina. Sigue una dieta equilibrada. Haz ejercicio. Ten una buena higiene del sueño. Compra algo nuevo que desees desde hace tiempo. Lee un buen libro. Pasa tiempo en la naturaleza. Da un paseo. Reúnete con amigos.