Al principio puede que no te salga de forma natural agradecer porque no has entrenado tu atención para que se focalice en todas las razones que hay para agradecer. Te recomiendo dos ejercicios para comenzar a practicar la gratitud:
Puedes empezar la práctica de gratitud escribiendo.
Por ejemplo, antes de dormir puedes escribir en el diario entre 3 y 5 razones por las que sientes agradecimiento por ese día.
Uno de los errores más comunes a la hora de realizar este ejercicio es que se convierte en una especie de ‘lista de la compra’ donde cada noche enumero las mismas razones por las que se supone que debería sentir agradecimiento, pero no conecto emocionalmente con nada.
Por eso, algo que suele funcionar es concretar.
Cuanto más específica sea la práctica de agradecimiento, más fácil será sentir la emoción.
Ej: Agradezco ese comentario que me ha hecho hoy mi pareja que me ha ilusionado, agradezco ese paseo que me he dado al sol, ese momento de descanso en el que he podido parar a meditar unos minutos, tomarme un té calentito y recargar las pilas, etc.
Otro ejercicio que tiene muchos beneficios es poner la gratitud en práctica con los demás.
A menudo cuando agradecemos lo hacemos de forma muy generalizada: ‘Gracias por todo’ y tampoco nos paramos a conectar desde la vulnerabilidad.
Por eso, recomiendo el ejercicio de la carta de la gratitud.
La idea es que conectes con una persona hacia la que sientas agradecimiento.
Piensa en las acciones que esa persona tomó para enriquecer tu vida y escribe una carta en la que especifiques todo lo que sientes.
Una vez que la tengas, y en la medida de lo posible, la idea es entregarla en persona y leerla en alto.
Esto tendrá un efecto muy positivo tanto en la persona que lo recibe como en ti.