1. Autoconocimiento.
Ser una persona resiliente pasa por hacer un ejercicio de introspección, es decir, debes ser capaz de observarte y conocerte a ti mismo.
2. Motivación.
La motivación es un elemento esencial para proporcionar a tu vida un sentido.
Lo importante es ser capaz de visualizar un proyecto, lo que es lo mismo, pensar cómo quieres que sea tu vida a corto, medio o largo plazo.
Y una vez sepas hacia dónde te quieres dirigir debes tener la determinación y la perseverancia para no abandonar pese a los obstáculos que encuentres en tu camino.
3. Autocontrol.
El autocontrol o regulación emocional consiste en afrontar los problemas huyendo del victimismo.
Una persona resiliente es capaz de controlar sus impulsos y sus emociones.
Además, puede afrontar los problemas desde una determinada perspectiva y tomar decisiones y asumir responsabilidades.
4. Autonomía.
Tomar distancia emocional y física ante una adversidad es otro rasgo de una persona resiliente.
La autonomía emocional permite fijar límites entre tú y la adversidad.