La autocompasión es el sentimiento de pena y lástima hacia uno mismo. La constante presencia de la autocompasión afecta la autoestima. Una persona que se dedica altas dosis de autocompasión se cree siempre víctima y busca simpatía, ayuda y sobre todo atención. Estas personas creen firmemente que su destino y el de muchas otras personas es sufrir: sufrir en el matrimonio, en el trabajo, con los hijos, en la economía, en la salud. Y es su tema central en las conversaciones. Buscan constantemente culpables que justifiquen sus fracasos: la mala suerte, la situación del país, el jefe, los compañeros de trabajo, el destino, el clima, la economía, la competencia. Cualquier culpable es bueno cuando el fin que se esconde es no asumir la propia responsabilidad.
Las altas dosis de autocompasión afectan sobre todo la autoestima de las personas. Disminuye la confianza en el propio potencial, en la seguridad para poder alcanzar metas tanto en la vida personal como en la vida profesional. La autocompasión es algo que se aprende, es una forma de analizar las condiciones de tu vida que has aprendido de tus cuidadores o de tu familia. Se crea una tendencia a ver lo negativo de toda situación, procurando un campo fértil para la aparición de la depresión o la ansiedad, que por supuesto afecta la vida personal y profesional.
Ser autocompasivo en demasía es una forma de evadir la responsabilidad, la toma decisiones y el correr riesgos; de lo que se trata la vida profesional y personal. La autocompasión no siempre es mala, se convierte en algo poco adecuado cuando a raíz de tanta dosis de autocompasión se reduce la posibilidad de alcanzar metas, se produce un bloqueo, se cae en el conformismo y en el pesimismo.