La resiliencia es una capacidad que, con contadas excepciones, hay que aprender y practicar, tomándose el tiempo y espacio necesario para lograrlo, NADIE TIENE EL MISMO PROCESO, pero si es para TODOS, y consiste en el desarrollo de la capacidad de adaptarse, sobreponerse y crecer como ser humano ante una situación crítica que se presente en la vida.
Si la familia aplica cotidianamente la inteligencia emocional en donde la comunicación afectiva y asertiva es clave, ya que permite gestionar las emociones sin hostilidad ni agresividad buscando el mayor bien de los miembros, favoreciendo con ello la paciencia, tolerancia y la adaptación positiva.
Relaciones: Las redes de apoyo generadas pueden favorecer el cambio de mentalidad necesaria para ver las crisis como oportunidades.
Caridad: El gozo de dar es mayor que el de recibir, en esta sociedad consumista el centrarse en entregar algo valioso a otros ayuda a cambiar la manera de ver la vida.
Rutinas: En los pequeños miembros les ayuda a generar las estructuras de vida que se convertirán en su seguridad en caso de problemas, y para el resto es un remanso de algo conocido y experimentado que potencialmente genera paz.
Amor a sí mismo: muchas veces volcamos la vista hacia afuera, pero no debemos dejar de reconocernos como hijos de Dios y que estamos en el camino de perfección.
Plan de vida: Si conocemos hacia donde vamos es fácil retomar el rumbo; eso no significa que no ajustemos lo necesario de acuerdo con las circunstancias, sino que sepamos el rumbo hacia dónde dirigir los esfuerzos y así adaptarnos para lograrlo.
Celebrar los logros: Reconocer cada pequeño cambio positivo afianza el sentido para continuar aplicando la resiliencia ente las situaciones.
Favorecer el autodescubrimiento: El conocerse y descubrir aquello que afecta a cada miembro de la familia puede favorecer que el conjunto familiar pueda identificar el mejor camino a tomar o cambio a aplicar construyendo a la familia resiliente.
Cambio y adaptación como parte de la vida: La familia enfrenta una serie de cambios en sus miembros y lo que hoy es un logro momentáneo se convertirá rápidamente en algo y que no requiere una adaptación posterior, aún una enfermedad o adicción expresa su evolución de manera diferente cada día y requerirá atención diferenciada cada día, es decir adaptación CONSTANTE.
Así pues, la construcción de una familia resiliente comienza con el ejemplo, apertura, comunicación afectiva y efectiva de todos los miembros, y requiere de por sí, un proceso que se adapte día a día CON AMOR y en mirada hacia la eternidad.