Las habilidades parentales son aquellas capacidades y habilidades que tienen los padres y madres para proteger y satisfacer las necesidades de sus hijos e hijas, incluidas las necesidades de afecto, de estimulación y de socialización, para su desarrollo sano y resiliente.
Las relaciones y los vínculos familiares tienen que ofrecer un marco de desarrollo sano, de protección y promoción de habilidades para la vida, y son un factor muy poderoso para el desarrollo de mentes resilientes.
Algunos referentes internacionales destacan la importancia de la presencia parental, como aquella en que los hijos e hijas se sienten vistos, seguros, consolados y a salvo.
Estar emocionalmente presente modela el cerebro de los hijos e hijas y configura las personas que llegarán a ser.
Para todo ello, es importante hacer entender a los adolescentes que no siempre tendrán éxito en aquello que desean, que se equivocarán en ocasiones, pero que el mayor logro es seguir intentando luchar por aquello que desean.
Y que todo ello implica gestionar las emociones que nos genera, aprender de las equivocaciones y tolerar las frustraciones que forman parte de la vida.
Los padres y las madres tienen que dejar que sus hijos e hijas tomen sus propias decisiones, incluso si nos parecen equivocadas, y apoyarlos ante las equivocaciones para que aprendan a tomar mejores decisiones en el futuro.
Podríamos hablar de una forma de acompañar en sentido amplio, estando presentes y disponibles, validando emocionalmente, alentando ante nuevos hitos y retos del camino y ofreciendo orientación y guía.
Esto es lo que denominamos criar de manera resiliente.
Por este motivo, es importante es educar las familias para que lleven a cabo una crianza resiliente.