El temor a equivocarse, elevados niveles de ansiedad, una pobre confianza en sí mismo, pensar mucho en la opinión y aprobación de los demás, dificultad para asumir responsabilidades, la necesidad de tener certezas en relación a los resultados, entre otros, son solo algunas de las variables por las cuales una persona puede tener dificultades a la hora de tomar decisiones.
El temor de asumir responsabilidades: asumirnos responsables de nuestros actos es positivo, sin embargo, hacerse cargo de decidir y de las consecuencias que tendrán nuestras decisiones puede generarnos ansiedad, tanta que puede llegar a bloquearnos.
Tener que renunciar a otras posibilidades: decidir siempre implicará una renuncia.
Evitamos sentir culpa: el miedo a percibir culpa surge desde la creencia de que nuestras decisiones provocarán daño a otros o a nosotros mismos.
INCERTIDUMBRE. Es difícil decidirnos cuando no tenemos certezas sobre lo que va a ocurrir, sobre todo cuando no hay una respuesta correcta o incorrecta.
Las decisiones pueden generar consecuencias, positivas o negativas.
Cada situación implica una variedad de causas, alternativas y respuestas.
Las decisiones difíciles nos comprometen sentimentalmente, no siempre es posible pensar objetivamente.