No hace falta que te respondas.
Tampoco hace falta cambiar nada.
La clave es la presencia que habita en este espacio entre dos pensamientos.
Somos atención.
Pura atención, en este caso sobre nuestros pensamientos mientras meditamos.
Y ahora podemos sencillamente soltar la atención sobre nuestras ideas y frases mentales, y atender este espacio de silencio que somos.
No sirve de nada buscar tener la mente en blanco.
Algo prácticamente imposible.
O en tratar de pensar algo concreto mientras meditas.
Tampoco tiene sentido el pelearte con tus propios pensamientos durante tus sentadas de meditación.
Los pensamientos vendrán una y otra vez.
Es inevitable.
Y lo mejor es dejarlos estar sin más.
Y mientras lo que no somos, nuestros pensamientos, ocurren en la mente, de alguna manera el misterioso silencio está presente dentro de ti.
En la meditación no se trata de buscar este silencio, sino simplemente de reconocerlo.
Respiremos profundo durante un rato.
Prestemos atención al fluir de nuestros pensamientos.
Hasta observarlos con calma y distancia por unos minutos.
Dándote cuenta de que por un lado estás tú como testigo atento, y por otro lado está toda la locura de pensamientos interminables.
Somos silencio inabarcable que subyace como eterno espacio entre pensamientos.
Somos atención.
Foco de atención sin forma y desde donde emergen todas las formas.
Somos presencia imposible de entender por una simple mente humana limitada y limitante.
Conciencia pura atestiguando la experiencia que fluye en nosotros.
Lo relevante es atender el espacio entre pensamientos.
Presta atención a tu pensar mientras meditas.