La serenidad es una fuente de calma ante la complejidad de la vida. Es poder ver las cosas desde una isla en equilibrio y paz, para poder actuar mejor, decidir con mayor acierto y regular dimensiones como el miedo o la ansiedad. Sin embargo, como bien sabemos, no siempre es tan fácil asumir ese enfoque, esa visión tan particular. Lo señalábamos al inicio, uno llega a tener serenidad con el paso del tiempo y a raíz del aprendizaje obtenido con la experiencia. Pero no pensemos que esta competencia se asume cuando uno ya es un anciano.
Esta dimensión, la de la serenidad, no es algo que nos venga de fábrica, es una dimensión en la que podemos y debemos habilitarnos. La clave está en centrarse en lo que sí está bajo el control de uno mismo y que puede mediar en nuestro destino.
Para tener serenidad en el día a día solo tenemos una opción: practicarla, comprometernos en ella. Entrenar este enfoque lleva tiempo porque implica gestionar emociones, controlar pensamientos, reducir el estrés… Pero puede lograrse e incluso contagiar a otros de su maravilloso influjo.
Aceptan que en esta vida hay muchas cosas que no se pueden controlar. La clave está en centrarse en lo que sí está bajo el control de uno mismo y que puede mediar en nuestro destino. Tener serenidad puede describirse básicamente como ser capaz de actuar con calma ante situaciones complicadas. Una característica esencial que nutre el enfoque sereno: la capacidad de aceptar lo que no se puede controlar.
Ambas dimensiones tienen mucho que ver con la inteligencia emocional. Se trata de ser capaces de conocernos a nosotros mismos desarrollando una buena regulación de las emociones para evitar actuar por impulsos o automatismos.
El autoconocimiento nos ayuda a despertar nuestra conciencia y con ella, esa claridad interna en la que germina el sosiego, esa calma desde la cual mirar el mundo de forma más contemplativa.
Solo la mente en calma navega por esa claridad interna en la que se observa el horizonte atisbando todas las perspectivas posibles. Ese enfoque relajado permite a la persona decidir sin improvisar y resolver problemas de manera más acertada.