Estar estancado significa que en tu día a día, no te entusiasman muchas cosas, te gustaría hacer fluir tu creatividad, pero parece que está cerrada la llave. A pesar de que no dejas de tachar cosas de tu lista de pendientes, no se siente como que estés logrando mucho. Tus días se mezclan entre sí y no es raro que te estés preguntando en confusión si es martes o miércoles. Cuando por fin tienes “tiempo libre” estás demasiado cansado como para hacer algo interesante o simplemente no tienes ganas. Si respondieras genuinamente a la pregunta de “¿cómo estás?, genuinamente dirías algo como “meh”.
Estar estancado se siente como si los colores hubieran perdido su brillo, es una sensación de pérdida de color que probablemente es resultado de una activación reducida en los centros de recompensa del cerebro. Así se siente estar estancado: simplemente dejas de escuchar la música. La palabra clave en todos estos tipos de estancamiento es crónico, nuestros cuerpos no prosperan en estados crónicos, no hay periodo de recuperación, no hay oportunidad de salir por aire y cambiar de dirección.
Los estancamientos pueden verse de maneras distintas, tal vez tu variedad muestra estrés crónico, ansiedad crónica o agotamiento crónico. Esto es lo más peligroso, nos acostumbramos a los estados crónicos: para nuestros cerebros, ese mundo de colores deslavados, música desvanecida y estrés constante se vuelve normal. Tan normal, de hecho, que no parece ser importante. Con frecuencia, es solamente cuando logramos entrever un poco de alegría o incluso de angustia, es que podemos darnos cuenta de lo que nos falta y qué tanto más tiene la vida que ofrecer.