En primer lugar, se debe identificar la situación que produce ese estrés y/o ansiedad y trabajar sobre ella.
Aportando al alumnado estrategias de gestión emocional, facilitándole planes personalizados de enseñanza–aprendizaje o desarrollo de las habilidades sociales y relaciones de aula, etc.
Trabajar las relaciones interpersonales y crear un clima seguro y agradable en el aula.
Utilizar técnicas de relajación
La respiración abdominal: sentados o tumbados, en silencio, con el cuerpo relajado y una mano en el abdomen, inspirar durante tres segundos e hinchar la barriga.
Después expirar el mismo tiempo y vaciar la barriga.
La relajación muscular: sentados, relajar el cuerpo y respirar durante unos segundos.
Apretar los músculos de la cara y aguantar unos segundos, después relajar y respirar.
A continuación, volver a apretar, pero esta vez un brazo… Repetir el proceso pasando por ambos brazos, el abdomen y las piernas).
Practicar posturas de yoga y meditación en algún momento del día.
Desarrollar habilidades organizativas y de gestión del tiempo.
Inculcar hábitos saludables que beneficien la salud tanto física como mental de las personas.
Ofrecer técnicas breves e individuales para afrontar momentos de fuerte ansiedad (utilizar el pensamiento positivo, la distracción del pensamiento para eliminar los negativos…).
Estas técnicas pueden ser utilizadas de forma generalizada para todo el aula, evitando así hacer sentir diferente al alumno o alumna que presenta el estrés o la ansiedad.
Además, es recomendable establecer una relación de confianza entre alumno y profesor, orientador o psicopedagogo, con tal de crear momentos de comunicación en la que trabajar a nivel individual y personalizado.