Hay estudios que señalan que hay factores de riesgo ambientales en las causas y mecanismos de la evolución de los trastornos mentales, por cómo dañan al sistema nervioso central de las personas. Esos principales factores son: la calidad del aire, la temperatura y el ruido. La salud ambiental, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es aquella disciplina que comprende los aspectos de la salud humana que son determinados por factores ambientales físicos, químicos y biológicos, externos a las personas. Algo de suma importancia, ya que pueden afectar de forma adversa a la salud del presente y de futuras generaciones.
En concreto, hay tres factores ambientales que afectan a nuestra salud y que pueden causarnos graves problemas: la calidad del aire, la temperatura y el ruido. El aire contaminado puede incrementar el estrés y la ansiedad, e incluso puede afectar a la función cognitiva. Una temperatura adecuada es esencial para el sueño reparador, mientras que temperaturas extremas pueden causar incomodidad y estrés. El ruido constante o fuerte puede aumentar los niveles de estrés, al igual que ocurre con el exceso de luz como el que sufrimos en las ciudades, que puede, también, interrumpir el sueño y la concentración y, a largo plazo, puede contribuir a problemas de salud como la hipertensión.
Un ambiente saludable puede reducir el estrés, promover la relajación y mejorar el bienestar general. Por ejemplo, un espacio de vida ordenado y limpio puede fomentar sentimientos de calma y control. El acceso a la luz natural puede mejorar el estado de ánimo y regular nuestro reloj biológico. Las áreas verdes pueden ayudar a reducir la ansiedad y la depresión. También, minimizar la exposición a ruidos fuertes y a contaminantes puede contribuir a un mejor sueño y bienestar físico.