Sentir que no podemos más, que no podemos ver con claridad. Más allá de la pandemia, las personas, hace tiempo que experimentamos esta sensación. Con el hacer en continuo, las demandas y exigencias tenemos, muchas veces, esa sensación molesta que no nos deja en paz y tiene un impacto fuerte en nuestra cabeza y en nuestro día a día. Así nos sentimos agotados, cometemos errores y, en definitiva, no podemos pensar con claridad. Una que nos lleva a reflexionar a la pérdida de claridad refiriéndose al hecho de que el sujeto no puede pensar con claridad, se encuentra desconcertado. La otra vertiente apunta al abrumar como oprimir, agobiar con grave peso. Preocuparse en exceso, sentir agotamiento, hacer que alguien no sepa cómo reaccionar, esta vertiente se refiere al ABRUMAR con relación al peso, al exceso. En esta época que habitamos donde los tiempos son vertiginosos, se imponen exigencias tales como éxito, productividad, belleza, juventud, conexión continua, etc. Lo inmediato del ciberespacio y la virtualidad impone un TODO o un YA absoluto. Y este imperativo, en tanto mandato social que viene del otro puede generar esa sensación de estar abrumados que hace que no podamos tener claridad en cuanto a nuestro deseo y que se nos genera un exceso de demanda imposible de responder. El peso de lo arrasador que se nos impone. Así aparecen demandas y exigencias externas sin cortes e imposibles de cumplir.