La escritura expresiva, entendida como aquella en la que la persona afectada escribe sobre sus pensamientos, emociones y sentimientos más profundos relacionados con la vivencia estresante, se revela como una herramienta terapéutica para combatir dichas situaciones. Después de una situación traumática, uno de los mayores retos es integrar la experiencia en la identidad de la persona. En este sentido, la escritura expresiva ayuda a clarificar e interiorizar lo que ha pasado. Las personas son seres narrativos y, por lo tanto, su bienestar depende del grado en el que puedan reflejar sus tensiones vitales en la historia que se explican a sí mismas y que explican a los demás sobre quiénes fueron, quiénes son y quiénes quieren ser. Este tipo de ejercicio ayuda, en definitiva, a procesar la información y a conversar de una forma distinta al pensamiento, con más profundidad y con otra perspectiva. A diferencia del habla y el pensamiento, la escritura pide una formulación y un orden lingüísticos. Permite ser detallista, específico y discernir el yo, de los demás. Toda esta formulación correcta del texto ayuda a tomar conciencia de los procesos emocionales de alta intensidad por medio del orden. La conciencia y la comprensión emocional son clave para que la persona pueda integrar su experiencia y así encontrar una fórmula para poder superar la situación.
La escritura no hace falta que sea perfecta, no se busca belleza en el texto, sino claridad. El objetivo es el autoaprendizaje. La escritura expresiva ayuda a mejorar la salud, tanto en el plano psicológico como en el fisiológico. Varios estudios apuntan que la mayoría de las personas obtienen mejoras significativas en su salud a los dos o tres meses de seguir este proceso terapéutico.