La capacidad curativa de la expresión y la narración se unen como las principales herramientas de la escritura terapéutica. La palabra escrita tiene unas características especiales, que hace que supere a la mera reflexión interna. Generalmente, da la impresión de que, en nuestros pensamientos, el lenguaje es desordenado y algo caótico. Por lo tanto, el hecho de llevarlo al papel nos permite ordenar las ideas y ganar claridad. Este proceso es lo que denominamos escritura terapéutica. La escritura terapéutica tiene muchos beneficios. Entre ellos, principalmente permite centrarse en la historia de uno mismo desde el momento presente, otorgar una sensación de mayor manejo de los procesos del pensamiento y de las emociones, estimular la creatividad y, por ende, la flexibilidad cognitiva, repensar y revivir momentos del pasado o del presente con mayor calma, brinda una visión más amplia de las condiciones y el contexto, y consigue así una mayor capacidad de resolución. La escritura es una técnica que da forma a nuestra historia. El paciente adquiere un sentido nuevo de responsabilidad. Lo interesante de la escritura terapéutica es que no hay restricciones a la hora de expresarse. Durante el proceso suele darse una sensación de desahogo, disminución de los sentimientos negativos y una nueva visión de futuro con nuevas soluciones. La terapia narrativa como recurso en los procesos psicosomáticos. Al escribir, se ve implicada la parte artística, irracional y emocional de la creatividad humana, y por otro lado la parte más lógica, racional y estructurada del lenguaje. Por lo que se ponen en funcionamiento los dos hemisferios cerebrales, que al interrelacionarse posibilitan la regulación del sistema límbico y el equilibrio emocional. Este proceso podría reducir el estrés, incrementando la percepción de bienestar, logrando una mejor la calidad de vida para las personas que sufren de enfermedades crónicas que muchas veces se asocian a malestar psíquico y somático añadido. La escritura terapéutica es una herramienta psicoterapéutica que abarca una amplia gama de situaciones clínicas. Requiere una actitud proactiva y fomenta un nuevo sentido de responsabilidad en el consultante. Ha demostrado ser una herramienta efectiva tanto a nivel emocional como físico en el proceso de cura de enfermedades, y ha disminuido el conflicto emocional y, de esta manera, los procesos psicosomáticos.