Pareciera que la forma en como nos vestimos, hablamos y nos comunicamos en este lugar fuera determinante para que nos tuvieran en cuenta, para vernos profesionales solo para encajar.
Surgen preguntas o como yo suelo llamarlo, la vozcita maternal, que muchos de nosotros que crecimos en un hogar conservador, incluso con creencias religiosas y en mi caso muy estricto, hizo que dentro de mí naciera esa pequeña versión que a veces me habla e intenta limitarme, que me hace preguntas cómo ¿segura que te van a tomar en cuenta con ese color de cabello?, ¿y si mejor elegimos ropa elegante aunque no te guste usar tacones?, ¿qué tal si en el trabajo no te escuchan porque tienes tatuajes?
Ser auténtico en el trabajo y en la vida puede significar desafiar las reglas y las normas establecidas y esto puede ser difícil e incluso incómodo.
Es difícil creerse el cuento y ser la versión más auténtica, pero es más difícil enfrentar el mundo y los retos laborales con miedo a ser tú, da mucho miedo porque a veces lo más fácil es moverse hacia dónde el mundo te dice que lo hagas para no incomodar a los demás, da miedo salir de la zona de confort, miedo a equivocarse, miedo a hacer el ridículo y eso es lo que nos aleja de conectarnos con nuestra autenticidad, de intentar cosas nuevas.
No podemos negar que da mucho miedo equivocarnos, mostrarnos tal cual como somos incluso en los momentos en los que no somos nuestra mejor versión.