La música relajante, clásica o no, cumple muy bien la función de relajarse.
Cualquier música sirve porque de lo que se trata es de que hagas una escucha activa y consciente dejándote llevar, dejándote en paz y sin tener nada más que hacer.
Hay varias maneras de meditar con música: en la posición habitual que utilices, escuchar música atentamente en lugar de una meditación guiada.
Y sin moverte, dejar que tu mente baile con la música sin nada más que hacer (meditación estática) tumbado si lo que quieres es relajarte o, incluso, dormirte.
De pie dejando que tu cuerpo se mueva libre al ritmo de la música; los brazos, la cabeza, etc., siguiendo el ritmo, los sonidos, las ondas de las frases musicales (meditación dinámica).
Déjate llevar sin guión, sin coreografía, procurando gestos compasivos a tu cuerpo, soltando, sin pensar hacia dónde va tu cuerpo o qué movimiento hace, tan sólo guiado por la música con los ojos entrecerrados.
Y en tu mente, sólo los compases y sonidos conscientes.
Tan sólo, pon música y lleva tu foco a ella.
No hagas nada más.
Déjate llevar.
La escucha activa de la música te puede llevar a estados muy similares a los que te puede llevar cualquier otro tipo de meditación.
Y además, te ayuda, si la acompañas de movimiento, a reconciliarte con tu propio cuerpo.
La música es también un vehículo que nos permite conectar mente-cuerpo-emociones.