La educación en valores promueve la solidaridad, la convivencia y el amor por la naturaleza. Este concepto se refiere al proceso educativo que inculca pautas morales para crear sociedades más cívicas y democráticas. La educación en valores, por tanto, promueve la tolerancia y el entendimiento por encima de nuestras diferencias políticas, culturales y religiosas, poniendo especial énfasis en la defensa de los derechos humanos, la protección de las minorías étnicas y de los colectivos más vulnerables, y la conservación del medio ambiente. La educación en valores trata diversos temas relacionados con el civismo y la ética entre los que destacan: la empatía, la igualdad de oportunidades, el respeto al medio ambiente, el cuidado de la salud y el pensamiento crítico. La educación tradicional nos instruye en el conocimiento social, científico y humanístico, mientras que la educación en valores nos forma como buenos ciudadanos. A diferencia de la tradicional, en la educación en valores no hay distinción entre lo que sucede dentro y fuera de las aulas.
La importancia de la educación en valores ha impulsado en las escuelas europeas materias como Educación para la Ciudadanía. En 2017 ya formaba parte del currículo educativo nacional de todos los países de la Unión Europea (UE) analizados por la red Eurydice, ya fuera como contenido transversal, asignatura independiente o integrada en otros programas. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) también evalúa a escala global —dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)— el nivel de implantación de la Educación para la Ciudadanía Mundial (ECM) en las políticas educativas nacionales, los programas y planes formativos, la preparación del profesorado y la evaluación de los estudiantes.
En cuanto a las estrategias más habituales para educar en valores destacan las siguientes: rechazar la discriminación, animar al debate sobre cuestiones morales y promover liderazgos colaborativos. Denunciar las actitudes dañinas para el conjunto de la sociedad sin estigmatizar a los individuos. Incidir en la idea de que todos podemos cambiar y somos merecedores de una segunda oportunidad. Educación en valores nos compete a todos y no solo a las escuelas. La familia, las universidades, las empresas o el deporte, por ejemplo, son contextos idóneos para enseñar esos principios éticos.