Practicar la escucha activa con la intención de entender al otro.
Partir de la base que tu forma de ver las cosas es única y que todos los puntos de vista son válidos y respetables.
Entrenar la capacidad de entender las propias emociones como base para entender las de los demás.
Evitar aconsejar si no hay una petición expresa.
Enfocarse en comprender al otro en lugar de juzgarlo.
Eliminar los prejuicios y los estereotipos.
Evitar relativizar el problema del otro.
Lo relevante es si para él es importante y no lo que pensemos del mismo.
No sacar conclusiones precipitadas ni recurrir a explicaciones simplistas.
No sólo prestar atención sino mostrar interés.
No tener prisa y respetar los tiempos.
Una serie de comportamientos y actitudes que preparan al interlocutor a escuchar, a concentrarse en la persona que habla y a proporcionar respuestas.
Atender a diversos temas a la vez, si dividimos nuestra atención, difícilmente vamos a poder concentrarnos adecuadamente en nuestro interlocutor.
Centrarnos en nosotros, en nuestras preocupaciones, en lugar de en la otra persona.
Se podrían llamar las distracciones internas.
Hablar en vez de escuchar, en esas situaciones, nos concentramos más en la idea que queremos transmitir que en lo que estamos percibiendo.
Escuchar con fuerte carga emocional propia.
Estar en un entorno con ruido, ambiente inapropiado, distracciones externas,
Debemos estar atentos a todo lo que expresa nuestro interlocutor e incluso sus posibles motivaciones o miedos ocultos, y no solo a lo que verbaliza.
Debemos tener una actitud mucho más proactiva y empática.