Ponte a pensar en otras cosas. Trata de concentrarte en cosas que no estén relacionadas con el sexo. Por ejemplo, céntrate en un pasatiempo, deporte, ejercicio o cualquier otra actividad que te distraiga.
Es cierto que los pensamientos sobre sexo pueden entrar en tu mente. Pero lo que hagas con ellos depende de ti. La decisión de rechazarlos es tuya.
Cuando siento que voy a perder el control de mis pensamientos, me obligo a pensar en otras cosas. Trato de descubrir qué le abrió la puerta a esos pensamientos. Tal vez fue una canción que debería quitar de mi lista de reproducción o una foto que debería borrar.
Elige bien con quién te juntas. Si tus amigos solo hablan de sexo, será muy difícil que mantengas limpia tu mente.
Evita el entretenimiento inapropiado. No es un secreto que prácticamente todo tipo de entretenimiento tiene contenido sexual.
A mí, la música es lo que más me afecta. A veces enciende deseos tan fuertes que parecen incontrolables.
Empecé a ver películas y programas de televisión con contenido sexual. Sin darme cuenta, pensaba cada vez más en el sexo. Era fácil ver dónde estaba el origen de esos pensamientos. En cuanto dejé de ver esas películas y programas, dejé de pensar tanto en el sexo. Si escojo bien lo que veo para entretenerme, mi lucha contra los pensamientos inmorales es más fácil.
Cuantas cosas sean justas, cuantas sean castas, continúen considerando estas cosas.
El que está andando con personas sabias se hará sabio, pero al que está teniendo tratos con los estúpidos le irá mal.
Que la fornicación y la inmundicia de toda clase, o la avidez, ni siquiera se mencionen entre ustedes.
Deben ser hechos nuevos en la fuerza que impulsa su mente.