La ira aumenta la activación del sistema simpático, el encargado de liberar unas hormonas llamadas catecolaminas, una de las hormonas relacionadas con el estrés, que son las que afectan directamente al sistema cardiovascular, elevando la frecuencia cardiaca, la tensión arterial, y aumentando la probabilidad de que se formen en el cuerpo trombos o se produzca un infarto de miocardio.
El esfuerzo que realiza nuestro cuerpo cuando se desata esta emoción es muy elevado, se produce un aumento en la tensión muscular y la secreción de adrenalina, por lo que se elevan los niveles de energía, el organismo entra en una especie de lucha y someterlo a una activación constante comporta riesgos de padecer además de enfermedades cardiovasculares, ictus cerebrales.
A medida que el cuerpo va experimentando el dolor provocado por esas emociones negativas, se genera un desgaste excesivo de energía y al mismo tiempo ante el disgusto todo el sistema digestivo se ve afectado, se produce la sensación de nudo o vacío en el estómago que en algunos casos puede llegar a somatizase mediante úlceras en el estómago o diversos problemas digestivos.
La ira y la pueden elevar la vulnerabilidad ante una enfermedad, afectando al sistema inmunológico o aumentar los niveles de grasa en el organismo.
Asimismo producir modificaciones en la percepción del dolor.
La inflamación de los órganos
Una mala gestión de la ira o de la rabia no sólo afecta a nuestras relaciones interpersonales sino que además tiene consecuencias altamente negativas para nuestro organismo, comprometiendo seriamente nuestra salud.
La ira juega un papel fundamental en los procesos de inflamación de nuestros órganos y cuando esta se vuelve crónica corremos el riesgo de desarrollar diferentes tipos de enfermedades.
La inflamación es la respuesta fisiológica protectiva ante la agresión.
Existen dos tipos de inflamación una es la aguda, benigna, donde el proceso tiene un principio y un fin dentro de un marco fisiológico, y la crónica, donde por diversos motivos, se pierden los mecanismos de freno del propio proceso y deriva en enfermedades.
Durante el proceso inflamatorio las células del sistema inmune liberan una serie de mediadores, siendo las citoquinas el más importante, que generan cambios hemodinámicos, de alteración de la permeabilidad vascular y leucocitarios, que permiten, en última instancia, la eliminación del agente patógeno o agresor, la reparación de los tejidos y restablecer la homeostasis.