La psicoterapia basada en los procesos nace como una manera de integrar varios modelos terapéuticos y como evolución natural de las terapias de contextuales – funcionales. Supera los modelos basados en etiquetas diagnósticas centrándose en los procesos y variables que mantienen los problemas. Dichas cuestiones permiten que cada persona sea atendida desde un modelo idiográfico que es creado para ella desde el primer día de evaluación.
Desde este enfoque la función de los “síntomas” cobra especial importancia entendiendo el problema como consecuencia del “verdadero problema”, de igual manera que la tristeza o el sufrimiento no son la dificultad a eliminar sino la consecuencia que una historia personal, que, sumado a variables contextuales, terminan provocando esos sentimientos.
Dicho enfoque se centra en entender y actuar sobre esa historia personal y la relación con su contexto presente, sea cual sea el diagnóstico o la “etiqueta” aplicada al problema.
La intervención se vuelve funcional por lo que las técnicas, el cómo, se define desde la persona tratada y no desde la rigidez de la terapia implementada.
Se entiende a la persona desde su complejidad y su situación particular por lo que se le ofrece una intervención con procedimientos personalizados procedentes desde cualquier enfoque terapéutico que desembocan en procesos de exposición, validación, externalización, toma de conciencia, seguimiento de valores, …
Un proceso se da en la persona a través de distintos niveles, es una secuencia de eventos o sucesos que afecta a una persona.
Dicha secuencia se basa en los modelos de aprendizaje para poder comprender porque una persona reacciona de una determinada manera y como afecta dicha secuencia en estados emocionales, motivacionales, atencionales, cognitivos, o experienciales del entorno y de uno mismo.
Estos procesos se trabajan de forma interdependiente para dar lugar al sufrimiento, rigidez psicológica, negación, sentimientos de rechazo, incomprensión, … que se pueden transformar en experiencias de compasión, insight, compromiso experiencial, etc. dentro de un entorno terapéutico.
Procesos como la aceptación, pueden ser vitales para alcanzar una solución, dicho proceso, como los demás, se pueden subdividir en otros como por ejemplo mindfulness y compasión, o relación con el valor que supone de “dejar de luchar”.
Esos procesos necesitan de otros para ser transitados hasta crear una red de redes, por lo que la mejora en un aspecto supone la mejoría en otros.
Se busca tratar los subprocesos como redes de antecedentes – conductas – consecuencias que marcan la realidad de la persona trabajando otros procesos más funcionales en los diferentes niveles afectados por el problema, buscando el “cese de la lucha” para enfocarse en conductas más útiles.