Lo que criticamos de otras personas, dice más de nosotros mismos que de los otros. Cuando hablamos de otros, en realidad proyectamos aspectos nuestros hacia afuera, quienes critican en este caso, proyectan aspectos de su personalidad o de su conducta que no aceptan y no ven en ellos, pero sí en quien tienen en frente.
Quien critica son las personas más insatisfechas con sus vidas. Personas que necesitan “bajar lo de fuera para subir lo de dentro”, personas que no se alegran por los logros de los demás, personas que prefieren poner pegas a proponer soluciones, personas negativas o personas vacías y con baja autoestima.
La baja autoestima es la base de la crítica destructiva.
Una buena autoestima y una relación sana con uno mismo determina el cómo nos relacionamos con los demás.
Dándole la vuelta a esta frase podremos darnos cuenta de que quien critica son las personas más insatisfechas con sus vidas.
Un estudio realizado por la universidad Wake Forest demostró que las personas que criticaban eran en realidad las más infelices y las que más riesgo de depresión presentaban.
Personas que no se alegran por los logros de los demás, personas que prefieren poner pegas a proponer soluciones, personas negativas o personas vacías y con baja autoestima.
Una percepción positiva del resto de las personas indica una satisfacción con nuestra propia vida.
Las personas sanas y con buena autoestima no realizan críticas continuamente ya que se muestran en calma interiormente.
Se conocen y saben qué hay en ellos que no les gusta y por ello lo trabajan con ellos mismos y no solo con los de fuera.
Cada vez que veamos algo en otros que nos irrita, que nos disgusta, que nos molesta, deberíamos ver qué parte hay de ello en nosotros, ¿por qué me afecta?, ¿por qué no lo puedo soportar?, ¿por qué no me gusta estar cerca de ello?, quizás esto nos acerque a conocer una nueva parte de nosotros mismos que creíamos desconocida.
Aquel que no encuentra nada bueno en los lugares donde estuvo, no podrá encontrar otra cosa ni aquí ni en ninguna parte.
Antes de criticar deberíamos preguntarnos, ¿va a ayudar en algo mi comentario?
Es decir, aporto información, consejo o algo válido para la otra persona, ¿es constructivo o destructivo?
Si no voy a sumar, ¿por qué quiero restar?
Otra buena pregunta antes de cualquier crítica debería ser, ¿estoy criticando algo del otro o realmente es algo propio que no me gusta de mí?
¿Qué parte no tolero de ese comportamiento en mi conducta?
¿Qué hay en esa crítica que en realidad me pertenece?
Y por último, antes de criticar sería perfecto utilizar la empatía, antes de dar un comentario subjetivo, lo ideal sería pensar primero como el otro, ya que son dos puntos diferentes y dos versiones de la historia que quizás cambien completamente.
¿Qué razón le habrá llevado a actuar así?
¿Qué puedo aportar yo para que eso mejore?
¿En qué medida me afecta o puede afectar mi comentario?
Las críticas cuando nacen de una persona interiormente sana, son críticas que aportan y hacen mejorar.
Por el contrario, cuando se hacen desde la rabia, el rencor, la envidia o la infelicidad son se convierten en algo negativo, y a su vez, destructivo.