Acepta que no todos te van a querer. Quitarte esa expectativa imposible ayuda a que estés más tranquilo y a que no te tomes todo tan personal, además de que vas a sentir menos presión. Busca el lado positivo, siempre hay un silver lining, en lugar de enfocarte en el no, descubre lo bueno de ese rechazo, las cosas de las que probablemente te salvaste o las demás oportunidades que puedes perseguir a raíz de eso. Tómalo como lección, el rechazo “nos ayuda no solo a comprender un poco más nuestros efectos en los demás, sino que cada experiencia dolorosa nos alienta a aprender nuevas habilidades para enfrentar situaciones difíciles y a tener más empatía por las experiencias de los demás”. No lo tomes personal, un rechazo no significa que la otra persona te odia, que le parezcas ofensivo o que crea que no eres lo suficientemente bueno, muchos factores pueden formar parte de eso y no debes pensar que siempre eres el problema. No necesitas arreglarlo todo, enfócate en las cosas que sí puedes controlar, tal vez no puedes cambiar la opinión del otro o crear una oportunidad que no existe, pero puedes trabajar en ti mismo, mejorar tus habilidades y desarrollar nuevas para que tengas más y mejores opciones.