Me verá el otro cuando me relaciono con él.
Me aceptará cómo soy.
Me verá mis cualidades.
Me rechazará.
No seré suficiente.
Verá lo que yo veo en mí.
Cuando nos relacionamos con el otro, nos pueden surgir muchas dudas de cómo soy, cómo me ven, qué ven de mí que yo no veo, qué no quiero que vean.
Indiscutiblemente hay algo claro: Al relacionarnos sale nuestra visión de nosotros mismos.
En un folio en blanco, dibuja el marco de un espejo, sabiendo que vamos a poner cosas fuera y dentro de él, deja el espacio que tú consideres.
Dentro de este marco, hay un espejo, en él, se refleja lo peor que ves de ti, lo peor que ves en tus días más oscuros.
Tú peor version.
Cuando te miras en este espejo, éste refleja una versión amable, agradable de ti.
Estos espejos son como las dos caras de una moneda: uno no puede existir sin el otro, pero si uno está presente, no puede estarlo el otro.
Muchas veces nos vamos a relacionar con personas donde nuestro espejo de miedos, de inseguridades, de la vergüenza está presente y nos acompaña, y por ende van a surgir miedos, dudas, dudas de cómo nos verá el otro, de nuestro rol, de nuestro ser.