Para superar el pensamiento rígido, podemos dar dos pasos: reevaluar y progresar, volviendo a analizar lo que en alguna ocasión anterior ya habíamos analizado, para ganar amplitud de opciones, de soluciones o de salidas.
Analizar el problema desde distintas perspectivas, partiendo desde el inicio y desgranando los pasos que hemos ido dando hasta llegar donde estamos, nos puede llevar a encontrar cuál es la variable o factor que no hemos tenido en cuenta y que nos puede ayudar a superar nuestros obstáculos.
La reevaluación no sólo es positiva a efectos prácticos, sino que también puede aportarnos beneficios en el plano emocional, como el autoconocimiento, es decir, tener conciencia de cuáles son mis capacidades, cómo me enfrento a un problema, cuáles son mis puntos a reforzar, etc.
Esto nos ayudará a descubrir qué estamos haciendo bien, qué podemos (o no) cambiar y qué podemos hacer para sentirnos mejor con nosotros mismos y, en consecuencia, con los demás.
El trabajo desde las terapias de aceptación y compromiso, así como una intervención desde la perspectiva cognitivo-conductual puede ayudarnos a hacer esos cambios que a la larga nos traerán beneficios muy positivos.