Haz que se respeten y admiren.
Deben de saber que, aunque es muy probable que tengan diferencias, deben tratarse con amabilidad y consideración.
Lo podemos conseguir instaurando actividades o tradiciones familiares en las, a modo de juego y diversión, se reconozcan las cualidades, virtudes o esfuerzos de los miembros de la familia y especialmente de los hermanos.
Debemos asegurarnos de tratar a los hijos de manera justa y equitativa, evitando favorecer a uno sobre los demás.
Evitar estereotipos de género: Evitemos asignar roles estereotipados o expectativas diferentes basadas en el género.
Proporcionar oportunidades iguales: Brindemos a nuestros hijos oportunidades similares en las diferentes áreas como educación, deportes, arte, hobbies, etc. sin hacer diferencias entre ellos, capacitándolos por igual.
Que puedan trabajar juntos, compartir responsabilidades y valorar los aportes que cada uno brinda son herramientas que desde temprana edad les ayudarán a sentirse valorados y a identificar la importancia de la participación colectiva.
Reconocer y respetar la necesidad de cada hermano también es vital.
Cada uno debe tener su propio espacio y tiempo individual con mamá y papá.
Aunque parezca lo contrario, lo cierto es que este tiempo de calidad a solas con cada uno también ayudará a lograr una buena relación y la cooperación entre hermanos.
Escucharlos de forma activa y personalizada los ayudará a fomentar la confianza y la comunicación abierta y promoverá la validación de sus emociones.
Escuchar activamente a nuestros hijos les hace sentirse y saberse comprendidos y aceptados, incluso cuando estén experimentando emociones difíciles.
Como padres, jugamos un papel fundamental en modelar y promover la colaboración y el apoyo mutuo entre los hijos.