No os apresuréis y empezar siempre validando y reconocimiento los sentimientos de cada uno, por ejemplo: os veo muy enfadados, o tristes…
Escuchar atentamente la opinión de cada uno, intentado que respeten los turnos, y después resumirla o sintetizarla para que lo integren: a ti te molesta…., y tú prefieres….
Intentar que el problema esté lo más definido posible.
Dar tiempo para que las dos partes expresen su punto de vista.
Resumir y reconocer la dificultad para resolver el problema: A ti te pasa que…. Y a ti que…. ¡Vaya que difícil!
Expresar confianza en su habilidad para solucionarlo: entre los dos podréis encontrar una solución y, a continuación, podemos esperar a que lo hagan o incluso nos podemos ir.
Lo ideal es que aprendan a gestionarse solos después de un “buen entrenamiento “por nuestra parte.
Si intervenimos y les resolvemos sus problemas no tendrán la oportunidad de poner sus recursos en marcha, y al final, actuaremos como jueces, lo que hará que uno sea el ganador y el otro el perdedor, con lo que acabaremos generando mucha rivalidad y conflicto entre ambos.
Si por el contrario fomentamos que lleguen a acuerdos, aprenderán a negociar, a respetar las opiniones del otro, a controlar su frustración y a fomentar su autonomía y su autoestima, por lo que se llevarán aprendizajes muy valiosos para toda la vida.
Es importante que como padres y madres “los deberes” con respecto a esto estén hechos, y seáis capaces de resolver vuestros conflictos con respeto, sin gritos ni insultos, de una manera adecuada y asertiva, sin herir al otro y expresando vuestras emociones y peticiones de una de una manera correcta.
Los conflictos son normales
Enfocarse en la solución
Procura escuchar sin juzgar
Pon normas y límites claros
Ver los conflictos de una manera positiva: forman parte de todas las relaciones.
Hay que aceptar que existen los conflictos y aprender a resolverlos con naturalidad desde la calma y la comprensión.
Enfocarse en la solución y no en el problema.
Que ellos y ellas pongan en marcha las ideas y las opciones que se les ocurren para resolver los problemas, debe ser un ejercicio diario.
Centrar la atención en el conflicto no sirve de nada.
Como padres debemos escuchar sin juzgar.
Hay que escucharles desde la calma, por separado si es necesario; y enséñales a orientar la comunicación a la búsqueda de soluciones, como hemos explicado anteriormente.
Hay que tener establecidas normas y límites claros.
Siempre deben de establecerse en casa normas que deben seguirse y que van orientadas a fomentar valores como el respeto, el amor, el compañerismo, etc.